Mucho más que un viaje: una aventura y una prueba de resistencia para la bicicleta y para quien la conduce.
Por Ernesto González, Productor Audiovisual y Contenido Digital, Organizador de TEDxLeón y profesor del Máster EMBS de la Universidad de León
Recorrer 3.300 kilómetros en bicicleta eléctrica no es solo una aventura. También es una forma distinta de atravesar Europa, conocer lugares que de otro modo quedarían fuera del camino y compartir experiencias con personas que van apareciendo durante la ruta.
Durante 30 días he viajado desde Oslo, en Noruega, hasta León, en España. Siete países y 3.300 kilómetros sobre una UrbanBiker UB310B.
Ya conocía esta bicicleta , la UB310B , por algunas de mis visitas a UrbanBiker cuando empezó a rondarme la idea de ponerla a prueba en un viaje de larga distancia. La ruta iba a enfrentarla a geografías, climas y superficies muy diferentes. Necesitaba, por tanto, una bicicleta versátil y preparada para responder durante muchas jornadas consecutivas.
El comienzo de la aventura en Oslo
La salida tuvo lugar junto al faro de Oslo, con las alforjas llenas y la cabeza todavía más cargada de ideas. Por delante quedaban miles de kilómetros, una sucesión de puentes, carreteras, caminos y paisajes que irían cambiando a medida que avanzaba hacia el sur.
«Tenía todo programado: en la cabeza, en el móvil, los kilómetros, las rutas, las etapas… Pero, aun así, la sensación era de incertidumbre. Una mezcla de emoción, ganas y también nervios, porque en 30 días y 3.300 kilómetros pueden pasar muchas cosas que es imposible programar. Así que aquella primera noche, con la bicicleta ya lista en Oslo para salir al día siguiente, dormí muy poco. Supongo que la culpa fue de la adrenalina.»
Siete países y una Europa diferente desde la bicicleta
Por experiencia personal, cuando uno viaja por Europa normalmente lo hace de aeropuerto en aeropuerto y de gran ciudad en gran ciudad: Oslo, Gotemburgo, Bruselas, París, Madrid… Y, visto así, es fácil quedarse con la sensación de una Europa bastante uniforme, incluso homogénea.
Pero desde una bicicleta la percepción cambia por completo. Las rutas y los caminos te llevan por avenidas, bulevares, carreteras secundarias, pueblos y barrios que normalmente no formarían parte de un viaje turístico. Y, sobre todo, te obligan a desplazarte a otra velocidad.
Esa velocidad te permite observar la vida cotidiana. Dependiendo de la hora, ves a los niños entrando o saliendo del colegio, gente camino del trabajo, personas tomando un café, pequeños comercios y cafeterías locales alejadas de las zonas turísticas.
Y es ahí donde empiezan a aparecer las particularidades de cada país. No tanto en los grandes monumentos o en la arquitectura más evidente, sino en pequeños gestos, costumbres y formas de organizar la vida diaria. También en la estructura de las ciudades y los pueblos, en cómo están pensadas sus calles, sus carreteras, sus espacios públicos y la manera en que las personas los utilizan.
La bicicleta, al final, me permitió ver una Europa mucho menos uniforme de lo que parece cuando simplemente saltamos de una gran ciudad a otra.
¿Cómo respondió la UB310B durante 3.300 kilómetros?
Sobre la bicicleta, la Urbanbiker UB310B, terminé el viaje sumamente satisfecho. Después de 30 días y 3.300 kilómetros, se comportó prácticamente igual que el primer día: sin ruidos, sin problemas y sin ninguna incidencia mecánica.
Mi intención inicial era viajar con unos 20 kilos en las alforjas, pero finalmente llevaba 24kg. De ellos, unos 5 kilos correspondían al equipo de dormir —tienda de campaña, saco y colchón inflable—, otros 5 kilos a ropa y material impermeable, y alrededor de 14 kilos al equipo electrónico: portátil, tres cámaras, dron, powerbank, cargadores y baterías.
Sabía que iba bastante cargado y que estaba cerca del límite que me había planteado, pero durante toda la ruta ese peso extra no supuso ningún problema ni para mí ni para la bicicleta.
Otra de mis grandes incertidumbres antes de empezar el viaje era la batería. Era mi primer viaje largo en bicicleta eléctrica y no sabía realmente cuánto podía durar una carga cuando entraban en juego tantas variables: viento, lluvia, desniveles, carreteras, carriles bici, caminos o incluso el tipo de firme.
Sin embargo, una de las cosas que más me sorprendió fue lo natural que resultó aprender a conocer la bicicleta. Después de 5 o 6 días de viaje ya era capaz de mirar la ruta, ver los kilómetros, las cuestas y las condiciones del viento y saber, casi de forma automática, cómo iba a comportarse la batería.
Sabía si podía hacer los 100 kilómetros sin recargar, si iba a necesitar una hora de carga durante el día o si, por las condiciones de la etapa, sería mejor aprovechar dos paradas para enchufarla. Poco a poco empiezas a hacer esos cálculos casi sin darte cuenta.
Por ejemplo, si la etapa tenía bastante desnivel, yo ya calculaba aproximadamente un 10 % más de consumo que en una ruta similar pero más llana. El viento, en cambio, tenía muchísimo más impacto. En algunos días tuve viento en contra con rachas de 30 o 40 km/h y el consumo podía aumentar fácilmente entre un 30 y un 40 %.
Como mi velocidad media rondaba los 20 km/h, sabía que para recorrer unos 100 kilómetros iba a estar pedaleando cinco o seis horas. Eso me daba bastante margen para organizar las cargas. Si las condiciones eran normales, simplemente hacía mis paradas para desayunar, comer algo o descansar sin preocuparme demasiado por buscar un enchufe. Pero si sabía que tenía viento en contra, bastante desnivel o una etapa más exigente, aprovechaba esas mismas paradas para cargar la batería.
La batería de mi UrbanBiker recuperaba aproximadamente un 14 % por cada hora conectada. En todo el viaje nunca tuve que hacer una parada realmente larga exclusivamente para cargar. Como mucho, en dos o tres días especialmente exigentes necesité recuperar alrededor de un 30 o 40 % durante la jornada.
Al final, algo que antes de salir me parecía una de las grandes incógnitas del viaje terminó convirtiéndose en algo completamente natural. Llegas a conocer la bicicleta, sus límites y su rendimiento casi como si aprendieras a interpretar un idioma nuevo.
Un viaje seguido también desde León
La aventura comenzó a despertar interés en León desde sus primeras etapas. Tanto Onda Cero León como Leonoticias se hicieron eco del recorrido cuando Ernesto todavía avanzaba hacia el sur de Europa.
Onda Cero destacó que no se trata de una competición ni de demostrar nada, sino de disfrutar de una forma diferente de viajar. Con cerca de 24 kilos de equipaje —entre el material de acampada y el equipo de grabación—, Ernesto se ha propuesto completar una media próxima a los 100 kilómetros diarios sin renunciar a observar y vivir cada lugar del recorrido.
Leonoticias puso el foco en la historia personal del protagonista: un mexicano «con ocho apellidos leoneses» que ha elegido la bicicleta para recorrer los 3.300 kilómetros que separan Oslo de León, la ciudad con la que mantiene una estrecha vinculación personal y profesional.
El viaje ha sido recogido en:
- Onda Cero León: «De Oslo a León en bicicleta eléctrica: 3.300 kilómetros, 33 días y una sola meta»
- Leonoticias: «Un mexicano “con ocho apellidos leoneses” recorre en bici los 3.300 kilómetros que separan Oslo de León»
- En nuestras redes sociales y las del propio Ernesto
Mucho más que llegar a destino
Hay algo que nunca había considerado realmente antes de este viaje: una bicicleta eléctrica no es simplemente una bicicleta con asistencia. Es otra forma de viajar. Muchas veces pensamos que para afrontar un viaje largo en bicicleta hace falta, sobre todo, una gran condición física, fuerza y entrenamiento. Y claro que todo eso ayuda. Pero la bicicleta eléctrica cambia las reglas.
La edad, la condición física, los kilómetros diarios, los desniveles o la duración del viaje siguen siendo importantes, pero dejan de ser barreras tan rígidas. De repente aparecen opciones que antes quizá ni siquiera te planteabas.
Por eso no creo que la bicicleta eléctrica compita con la bicicleta convencional. Son cosas diferentes. Cada una ofrece una experiencia distinta y unas posibilidades propias. Igual que podemos viajar en coche, en moto o en camper, la bicicleta eléctrica abre su propio espacio. Y cuando descubres lo que realmente puedes hacer con ella, cambia completamente tu manera de pensar los viajes.
Después de 30 días y 3.300 kilómetros, ya no miro un mapa de la misma manera. Ahora veo distancias y empiezo a imaginar rutas. Veo ciudades y pienso cómo podría unirlas. Veo 1.500 o 2.000 kilómetros y, en lugar de pensar que es demasiado, empiezo a calcular cuántos días necesitaría. Ese quizá haya sido uno de los efectos inesperados de este viaje: en vez de quitarme las ganas de hacer otro, me ha llenado la cabeza de ideas.
Después de Oslo-León, si solo tengo 10 días de vacaciones puedo pensar en hacer Viena-Venecia, unos 700 kilómetros o muchas otras rutas.
Después de 30 días y 3.305 kilómetros, este viaje demuestra que la bicicleta eléctrica puede abrir nuevas posibilidades para recorrer largas distancias de una forma activa, sostenible y emocionante. Y tú, si pudieras emprender una travesía de larga distancia con una bicicleta eléctrica, ¿qué dos lugares de Europa unirías?





